Ángeles en Tokio: El origen del mal (2ª parte)

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Información y venta

AUTOR: Naru Ishida

GÉNERO: Romance, Homoerótica, Fantástico, Terror, Drama.

2ª PARTE:

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Está publicada por la Editorial Círculo Rojo y solo puede ser adquirida a la venta en librerías on-line, ya sea consiguiendo una edición impresa, bajo demanda o en formato e-book.

Visita nuestra tienda para adquirirlo en cualquiera de sus formatos, en el siguiente enlace: TIENDA AET

 

También existe la versión de esta parte en formato COMIC/MANGA realizado con los Sims 2. Se puede leer de forma gratuita, descargándolo AQUÍ

 

SINOPSIS: “A Dayu Matsumura se la ha brindado la oportunidad de redimirse gracias al poder y a la decisión de Seiya Ryusaki de salvar su alma. Sin embargo, a pesar del retroceso en el tiempo, el destino parece volverse de nuevo en su contra. La repentina desaparición de Seiya hace que se nublen de nuevo sus deseos y comience así una búsqueda en la que se verá obligado finalmente a luchar contra las fuerzas oscuras a las que está vinculado.

Junto con Noriko Hayashi y un antiguo enemigo y mentor, Matsumura iniciará la búsqueda hacia la verdad para encontrar a Seiya y descubrir en su totalidad la antigua profecía que le transportará hacia su destino final.

La batalla entre ángeles y demonios está a punto de comenzar…”

 

BOOK-TRAILER:

 

A continuación se puede leer el primer capítulo de la obra.

 

Capítulo 1

El despertar de un ángel

Las voces resonaban lejanas, con eco. Observaba fogonazos de luz y gente hablando muy rápido, a la vez que sentía aquel movimiento deslizante, todo en un mundo que no parecía real. Le llevaban deprisa en una camilla, estaba terriblemente mareado, al borde de la inconsciencia y de la propia muerte.

—¿Qué tenemos aquí? —Escuchó débilmente otra voz que se había unido.

—Corte profundo en la muñeca izquierda, ha perdido mucha sangre. Su pulso es muy débil.
Ahora la primera voz llamó a otra por un walkie.

—Preparad todo para una transfusión. Tenemos a un varón de raza blanca, probablemente de unos doce años, con un corte en la muñeca izquierda.  ¡Rápido!

A pesar de que habían logrado detener la hemorragia, el pulso del chico era débil, muy débil. Con gran rapidez le conectaron a una máquina, pero antes de poder hacer nada un pitido agudo se hizo audible en la misma. Enseguida comprobaron que no respiraba. Tenía los ojos abiertos y desorbitados, de un verde casi incoloro, estaba completamente pálido. Su boca entreabierta acababa de exhalar el último aliento de su vida anterior. Rápidamente trajeron un desfibrilador y lo cargaron.

—¡Apartaos! —gritó el médico que ya había colocado los electrodos en su pecho y costado—. Tres… dos… uno… ¡Ahora!

El chico, sin cambiar el gesto de su rostro, arqueó la espalda debido a la fuerte sacudida eléctrica; pero no consiguieron recuperar el pulso. Cargaron de nuevo.  A la segunda sacudida, la máquina hizo un pequeño pip, un latido, al cabo de poco rato, otro. Comenzaron enseguida con la transfusión. Para los médicos fue un verdadero milagro, pensaron enseguida que el corazón de aquel chico era fuerte, que tenía ganas de vivir.

Se equivocaban.

No sabían que lo que acababan de traer al mundo, ya no era aquel chico que había intentado suicidarse, sino un ser que tenía una misión que cumplir: destruir a la humanidad.

El chico estuvo un par de días en la seminconsciencia, pero despertó una mañana más despejado. Primero observó el techo blanco de la habitación en la que se encontraba. Sintió una ráfaga de aire cálido y giró la cabeza para observar una ventana abierta.  Alguien la cerró enseguida.

—Vaya, ya estás despierto. Avisaré al doctor.

No pudo ver quién era, le costó mucho asimilar dónde se encontraba y, más importante, saber quién era. Levantó su brazo izquierdo y comprobó que lo llevaba vendado. Tragó saliva y cerró los ojos con fuerza, no podía recordar qué había ocurrido y por qué se encontraba en aquel lugar. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, se levantó un poco y observó las pertenencias que le habían dejado sobre una silla. En una mochila sucia encontró algo de dinero y una fotografía de un chico al que no conocía: moreno, de ojos celestes muy claros, tez pálida y mirada triste e inocente. Se tumbó de nuevo en la cama observando la misma con interés.

—Mi objetivo… —susurró.

Alguien entró de repente en la habitación y el chico guardó la fotografía por debajo de la sábana con gran rapidez.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó el doctor.

—Bien, supongo. ¿Qué hago aquí? ¿Qué ha ocurrido?

—¿No lo recuerdas? —se extrañó el médico. Miró a la enfermera con gesto apenado, como diciendo: «Es mejor así»—. ¿Cómo te llamas? Hemos intentado contactar con tu familia pero no tienes documentación y…

—Dayu Matsumura —dijo sin pensar—. Es lo único que recuerdo.

—De acuerdo, Dayu. Tienes una herida en el brazo, te quedará una cicatriz; pero ya estás fuera de todo peligro, por lo que en un par de días podrás irte. Ya intentaremos localizar a tu familia; de momento, no te preocupes.

Cuando el médico salió de la habitación, habló con la enfermera.

—Si en unos días no conseguimos nada, avisaremos a los servicios sociales, ese chico va a necesitar ayuda. Aunque por una parte… es una suerte que tenga amnesia.

De nuevo solo en la habitación, Dayu sacó la fotografía, la puso sobre la palma de su mano y la apresó con la otra, mientras cerraba los ojos.

—Ryusaki, Seiya.

Los abrió deprisa y comenzó a respirar entrecortadamente, acababa de tener una taquicardia. Su corazón había saltado dentro de su pecho.  Su oponente, aquel al que debía exterminar, era la fuente de aquello por lo que había venido, sin ninguna duda. Pudo sentir su fuerza, su alma pura, solo con tocar aquella imagen.

No podía recordar nada, tan solo su misión, pero sí sabía algo seguro: nadie vendría a buscarle al hospital. Dayu Matsumura se encontraba solo en un mundo que para él seguía siendo desconocido. Es por ello que, en la misma noche de aquel día, huyó, siendo su único equipaje aquella mochila y la fotografía.

Con los escasos recursos que tenía y guiado por sus instintos, Dayu viajó a Tokio.  Fue el inicio de su desgracia y de su condena en el mundo humano.  Aquel chico llamaba mucho la atención al tener una belleza tan poco común, andrógina.  Llevaba el pelo muy largo, de color rojo intenso y unos ojos verdes y cristalinos como el agua, lo que le daba el aspecto aparente de una dulce y bella niña.

Muy pronto cayó en manos de la Yakuza y fue vendido en una subasta. Cuando comprobaron que en realidad se trataba de un varón, el precio fue doblado. Lo que vino a continuación fue la ira de la humanidad, sin ser conscientes de que aquel ángel comenzaría a vengarse. Ya no era solo su misión, era una cuestión de supervivencia. Tras ser violado y maltratado en diferentes ocasiones, se desató su poder, aquel que había obtenido mientras estaba en el mundo de la inconsciencia tras asesinar a los padres de Seiya, directamente obtenido del Señor de las Tinieblas, aunque eso aún, no podía recordarlo.

Cuando veía que su vida corría peligro, tan solo tenía que concentrarse y pensar.  Si deseaba la muerte de una persona, esta caería fulminada y el ángel se alimentaría de su alma, aquel era el pacto. Pero su sed de venganza era cada vez más fuerte, creó en él una adicción, necesitaba matar para poder sobrevivir. Aunque todo tenía un precio, tenía que sufrir las llamadas «condenas»: unas pesadillas y visiones tan reales que le atormentaban y torturaban tanto física como mentalmente.

Así, Dayu Matsumura aprendió a odiar, a asesinar a cualquiera que se le interpusiese en su camino, desconcertando a una población y a un gobierno que no sabía cuál era la causa de tantas muertes sin una razón aparente.

 

Hasta aquel día.

El día que conoció a su objetivo, Seiya Ryusaki, el alma pura más deseada para su Señor. Pero en lugar de tomarla, el ángel aprendió que el ser humano aún podía conservar su pureza, su inocencia, en un mundo de caos. Se rindió ante la belleza de Seiya y se sublevó contra su mismísimo Señor. Este acto le concedió una nueva oportunidad; y aquella vida entre sombras que había llevado en el mundo humano, hasta los veintisiete años de edad, no eran ahora más que un mal recuerdo, pues hoy nada de todo aquello había sucedido.

Se desató el poder del nuevo ángel, Seiya Ryusaki le había devuelto al pasado, sin duda para enmendar todos los errores que había cometido; pero Dayu Matsumura no podía imaginar en aquel momento, cuando contaba otra vez con doce años de edad, que aún no estaba a salvo de Lord Azazel, su Señor.

 

Esta novela está protegida por derechos de autor, por lo que no está permitida su libre distribución o intento de plagio.

5 Respuestas a Ángeles en Tokio: El origen del mal (2ª parte)

  1. LadyGaaDaSei dijo:

    […]Una ola de extrañas muertes asola la ciudad de Tokio. Detrás de las mismas se encuentra Dayu Matsumura, un chico con un gran poder y un oscuro secreto, pues nadie puede determinar las causas de las muertes. […]

    ese párrafo lo tengo bien memorizado, ahora va por el sig Sinopsis XDD.

    Eres una maste Naru XDDD

  2. ¿En que mes de este año se publicará ya esta segunda parte?

  3. naru dijo:

    Quiero publicarlo en primavera, no te podría decir mes exacto pero espero sea Abril o Mayo 🙂

  4. Hola Naru, al fin pude leer la segunda parte, te dejo aquí mi reseña por si te interesan opiniones ^^. Solo te diré que me enamoré de este libro *_*
    http://frogiteca.blogspot.com.es/2013/06/el-origen-del-mal.html

  5. naru dijo:

    Muchas gracias! Me alegra mucho que te haya gustado y también gracias por tan genial reseña y puntuación!!! Un besazo 😉

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