Relatos del Inframundo. Corazón Impuro (por Naru Ishida)

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Un nuevo relato se suma a esta saga de historias alternativas, en concreto a los Relatos del Inframundo.  El resto los podéis leer aquí o accediendo al menú.

Que lo disfrutéis 😉

CORAZÓN IMPURO

Naru Ishida

Era ya media tarde cuando maestro y alumno se preparaban para salir.  Y como siempre, todo para Dayu Matsumura era un misterio.  Se encontraba en su habitación con Saito y este no ofrecía la más mínima explicación.  Tan solo le dijo que se pusiera la túnica para hacer “una visita”.

– ¿Dónde vamos?

Su maestro no contestó, se quedó un momento mirándole, como si le estuviese evaluando.

– Date la vuelta.

– No sabes las ganas que tenía de oírte decir eso…

Saito arrugó el entrecejo.

– Mira que eres idiota, ¿es que no sabes pensar en otra cosa? –dijo mientras le ponía la mano en la cabeza y le hacía girarse como si la cabeza de Dayu fuese un tapón de rosca.

Enseguida Dayu notó que le tiraba levemente del pelo, separándolo en tres mechones para iniciar lo que sería una larguísima trenza.

– Si quieres jugar a las muñecas, por mí no hay problema…

– Llamas demasiado la atención, será mejor que lo lleves recogido.  A quien vamos a ver no le gustan mucho los ángeles.

– Estamos en el Inframundo, ¿a qué demonio le gustan?

– Es diferente.  Nuestro Señor, a pesar de ser lo que es y cómo es, tiene tolerancia hacia nosotros.

– Querrás decir que le interesamos por nuestro poder para ayudarle en sus propósitos…

– Así es.  Y casi deberíamos decir que tenemos “suerte” de estar ahora bajo su reinado.  Sus ancestros, o al menos algunos de ellos, no lo habrían permitido.  La convivencia entre ángeles, por muy impuros que sean, y los demonios, no siempre ha sido bien visto.  Y a quien vamos a ver, no solo odia a los ángeles sino que además piensa que somos totalmente innecesarios aquí.  Ya está- terminó diciendo mientras ataba el extremo con una pequeña goma.

– ¿Y tú? ¿Vas a ir así?

– Yo ya tengo mi pasaporte –indicó mientras se señalaba la cicatriz que cruzaba su ojo izquierdo, la más visible.- Pero tú eres diferente, tenemos que ocultar aún más tu…

Saito se quedó sin palabras.

– ¿El qué? –Preguntó Dayu mientras se giraba para observarle a los ojos con sensualidad -¿Mi piel perfecta? ¿Mi belleza?

Sin decir nada Saito tiró de su trenza levemente hacia atrás mientras le señalaba con el dedo.

– No juegues, Matsumura.

Pero Dayu tenía razón, era eso.  Por mucho odio que pareciese contener, el chico era en apariencia demasiado perfecto, bello y joven para estar en un lugar habitado por el mal.  Ahora Saito le tendió un pequeño frasco.

– Ponte esto en la cara.

Dayu levantó el frasquito para examinarlo, en su interior había algo espeso de color marrón.

– ¿Maquillaje?

– Casi.  Es sangre mezclada con tierra.

Tras un gesto de asco, Dayu obedeció y se untó la cara con aquel “potingue tan elaborado”.

– Eso es.  Y recuerda, no te quites la capucha y no mires al frente, a no ser que se te ordene.  ¿Ha quedado claro?

– Como el agua cristalina –respondió con sarcasmo.

 

Al cabo de pocos minutos, ambos se encontraban siguiendo a Lord Azazel por los innumerables pasadizos del sótano y catacumbas del castillo.  Dieron tantas vueltas y recorrieron tantos pasillos llenos de humedad y ratas que parecía que habían pasado horas.  A Dayu no le extrañó que no les hubiese vendado los ojos, realmente no hacía falta.

– Joder, de aquí no salimos ni con GPS… -murmuró.

La fría mirada de Lord Azazel se posó en la suya.  El demonio tenía los labios muy apretados y sus ojos desprendían tanta ira que esta podía ser visible en el aire.

– ¿Ha dicho usted algo?

– El chico está nervioso, ya que es un placer y un honor visitar a uno de los ancestros.

Aquellas palabras de Saito parecían haber salvado la situación, pero Dayu contempló a su maestro.

– “Aquí el único que está de los nervios eres tú…” –pensó con elocuencia.

Finalmente, los tres llegaron ante una gran compuerta, en ella había grabada una “V”.  Lord Azazel se subió un poco la manga de su túnica, dejando ver su mano amarillenta de largos dedos que terminaban en afiladas uñas negras.  Pasó un dedo de arriba abajo y la puerta se abrió emitiendo un sonoro chasquido que retumbó haciendo eco.

En el interior había mucha oscuridad, más aún si cabe.  Tan solo la llama de una antorcha hacía que esta no fuese total.  Anduvieron unos pasos antes de detenerse.  Dayu casi no llega a ver el enorme cristal que parecía dividir en dos la sinuosa estancia.  Delante tenían una especie de búnker de cristal, como una enorme pecera.  Pero no podía distinguirse bien, el cristal ocupaba todo el ancho de la sala y no parecía que se pudiese pasar al otro lado, pues no había ninguna puerta o acceso visible.

Entonces Lord Azazel hizo algo que parecía impensable, se arrodilló.  Inmediatamente Saito hizo lo mismo instando a su alumno que hiciese lo mismo.  Dayu nunca había visto arrodillarse a su Señor ante nada ni nadie, por lo que pensó que a quien iban a ver, fuese quien fuese, debería de tratarse de uno de los demonios ancestrales, o como a Dayu le gustaba calificarlos: los “peces gordos” que habían gobernado el Inframundo.

Una imagen se perfiló al otro lado del cristal, pero ninguno la veía al tener las cabezas agachadas.  Se trataba aparentemente de un anciano, que iba vestido de época y cuyo rostro tenía innumerables arrugas.  Su expresión era de absoluto enfado, no podía calificarse de otra forma.  Arrugaba mucho el entrecejo y sus labios estaban curvados hacia abajo, y no parecía una expresión forzada ni mucho menos.  De su rostro demacrado por la edad crecía una barba grisácea que terminaba en punta.

 

– Mi Señor Jezebeth.  Este es el discípulo del que le he hablado.  Necesito su aprobación y consentimiento para saber si realmente su corazón es impuro y pueda ser así merecedor del poder oscuro.

– Ningún ángel tiene el corazón impuro. –Dijo el anciano con fría y sonora voz.- Levanta y descúbrete.

Dayu, que no mostraba estar nervioso, se levantó y bajó su capucha.  Tenía la cara sucia debido al potingue hecho de sangre y su pelo se había desmadejado un poco a pesar de llevarlo oculto y recogido en la trenza.  Observó al anciano con un gesto neutral, no podía mostrar ningún tipo de debilidad y no iba a complacerle de ese modo.

– Pon tu mano derecha en el cristal.

Al hacerlo, el anciano hizo lo mismo, poniéndola a su altura.  Cerró los ojos y frunció aún más el ceño.

– Eres muy joven.  Y sin duda puedo ver el rencor y odio que guardas.  Aun así… ¿crees merecer nuestro poder? ¿Crees que por ser un ángel de la luz mereces tal honor?

– No soy un ángel de la luz. –dijo terminantemente, sus ojos cristalinos bullían de furia.  Saito tragó saliva, se estaba yendo de la lengua, como era su costumbre.

– El chico es insolente y muy osado… –argumentó Azazel.- Pero ha superado con éxito las dos primeras pruebas.

– Entiendo –ahora Jezebeth retiró su mano huesuda y arrugada del cristal.  Dayu hizo lo mismo, sin apartar la vista de sus ojos.

Hubo un rato de silencio en el que el anciano parecía estar sopesando la situación.  Finalmente concluyó:

– Este ángel… su alma ha sido corrompida, puedo ver… su corazón impuro.

Lo dijo con gran esfuerzo, como si no le gustase admitirlo.  Dayu inclinó levemente la cabeza y los tres salieron de allí.

 

Al salir al exterior, ya el cielo tenía un tono púrpura, lo que significaba que se había hecho de noche.  Tanto Dayu como Saito se fueron a sus respectivas habitaciones sin mediar palabra, habían quedado claras cuáles eran las intenciones de su Señor, que a pesar de su arrogancia, necesitaba el consentimiento de aquel ser superior a él, uno de sus más antiguos predecesores.

Dayu decidió darse una ducha, más que nada para quitarse aquella pringue que le cubría, haciendo ocultar sus bellas facciones.  Y no muy lejos de allí, Saito hizo lo mismo.  Este se quedó más tiempo bajo el chorro hirviente, apoyando ambas manos en la pared para dejar que el agua empapase su descomunal cuerpo cubierto de cicatrices y tatuajes.  Mantenía sus ojos cerrados con fuerza y se mordió el labio mientras dirigía su mano a la entrepierna, pero no llegó a tocarse.  Cerró el grifo y salió de la ducha.

– Maldita sea… -masculló entre dientes.

Ataviado únicamente con unos pantalones y con el pelo aún mojado, entró en la habitación de Dayu sin llamar a la puerta.

– Vaya, y luego soy yo el que no tiene modales…

– Date la vuelta –ordenó su maestro.

– ¿Por qué? ¿Quieres seguir jugando a las muñequitas? ¿Me pondrás lacitos en el pelo o algo así? –preguntó con sorna a la vez que se daba media vuelta.

Sin tiempo a la reacción, Dayu sintió como este le empujó contra la pared mientras le sujetaba firmemente del pelo.  Apretó su increíble erección entre las nalgas, lo que hizo que Dayu abriese mucho los ojos.  Le había pillado totalmente de sorpresa.

– No. –Se acercó a su oído- Voy a follarte hasta dejarte inconsciente, chaval.

Dios.

– Adoro… –gimió- cuando te pones bruto…

– No me digas… -anunció justo antes de mordisquearle la oreja.

Era su única opción en aquella maldita cloaca, y Dayu Matsumura lo sabía perfectamente.

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2 Respuestas a Relatos del Inframundo. Corazón Impuro (por Naru Ishida)

  1. LadyGaaDaSei dijo:

    ergrfgvbehdgbherfgv kyyyyyaaaaaaaaaaaaaaaaa
    qué puedo deciiir! TTwTT OMG!!! primer escrito que se da aun Demonio ancestral (a parte de Mi Señor) DIOOOOOOS!!!!!
    y luego al final nos quedamos con un muy buen sabor de bocaaaa!!! OMG!!! fuerte XDDDDD
    muchas graciias Naruuu

  2. Michelle-Matsumura dijo:

    woooooooowwwww!!!!! Fantastico excelso!! en general me gusto mucho jijiji y me hizo reir bastante lo que dijo dayu de que no saldrían ni con GPS jejej muy buen relato Naru

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